| por Lic. Luciano Domínguez
Toda persona es un ciudadano o ciudadana cuando ejerce y desarrolla su ciudadanía. Los hay que buscan la forma cómo hacerlo en estos momentos mediante la participación en organizaciones sociales que se forman en torno a distintos asuntos que interesan o afectan a los ciudadanos. El Dr. Carlos José Canó define la sociedad civil como “el conjunto de ciudadanos organizados como tales para actuar en el campo de lo público en busca del bien común, sin ánimo de lucro personal ni buscar el poder político o adhesión a un partido determinado”. De esta manera podemos decir que la sociedad civil es la diversidad de personas que actúan generalmente de manera colectiva para tomar decisiones en el ámbito público de su sociedad fuera de las estructuras gubernamentales. La ciencia política la identifica como el conjunto de organizaciones e instituciones civiles, voluntarias y sociales que fungen como mediación entre los ciudadanos y el Estado. Sin embargo, el Estado medio ignora las demandas de la sociedad civil y es por ello tantas luchas barriales y comunitarias donde hay pérdida de vidas humanas y enormes daños al medio ambiente. El Estado ha de tener una receptividad a los aportes que ofrece la sociedad civil como su aliada. Todavía no hemos llegado ahí. Todo grupo social formado por personas que interactúan entre si de un modo regular y estructurado, que comparten una conciencia de pertenencia o afiliación y casi siempre basados en normas y expectativas comunes y compartidas, necesariamente debe ser un equipo de trabajo con metas muy bien definidas. Los movimientos sociales son casi siempre el resultado de la inconformidad frente a hechos de injusticia o el cuestionamiento de valores tradicionales, culturales, morales o religiosos imperantes; y hasta por cuestiones económicas. Son el esfuerzo organizado de una colectividad para promover o impedir el cambio en la sociedad. La verdad es que las organizaciones de la sociedad civil son importantes y eso lo demuestra las conquistas que logran en beneficio de los ciudadanos en el orden urbano y rural. Estas organizaciones tienen una vigencia enorme que se debe en gran medida a las crisis de los partidos políticos de nuestra democracia, ya que estos no están respondiendo o representando los intereses de los ciudadanos. Ahora bien, nos llama mucho la atención algunas cuestiones que nos hacen pensar y hasta dudar de la legitimidad de algunas de estas organizaciones. Nos preguntamos ¿quién elige a los dirigentes?¿a quién representan los ciudadanos que actúan desde las instituciones de la sociedad civil?¿los objetivos y metas de las organizaciones son consensuadas?¿Han realizado un diagnóstico de las necesidades del barrio o de la comunidad para hacerle frente a los problemas?¿saben programar, organizar, dirigir, administrar, gestionar y evaluar proyectos comunitarios?. Siendo sincero y sin ánimo de de hacer sentir mal a nadie creo que hace falta emprender programas de actividades educativas para formar verdaderos líderes comunitarios. Este es el caso de nuestra provincia de Dajabón. En nuestro pueblo tenemos una fervorosa sociedad civil donde varias personas suelen hablar en nombre de ella por lo que se advierte una indefinición en el liderazgo de la misma. Precisamente este es uno de los motivos que nos hacen decir estas cosas. Creemos que Dajabón es uno de los pueblos más organizados del país. Tanto a nivel urbano como a nivel rural. Tenemos una unión de centros de madres, prácticamente todas las comunidades rurales tienen una asociación o un club, existen importantes ONGs, universidades, asociaciones profesionales, etc. Esta es una excelente oportunidad de nuestra gente que por su nivel de organización es muy viable opinar y conseguir la solución de los problemas que se presentan en los diferentes sectores de la sociedad dajabonera. En el caso de las ONGs es importante señalar la labor decisiva de muchas de estas organizaciones en la defensa de los derechos fundamentales de los “haitianos” que cruzan la frontera. Algunos dajaboneros sentimos que las organizaciones defensoras de los derechos de los haitianos pueden perder su propia identidad y llegar al fanatismo fundamentalista en defensa del empobrecido vecino que nos invade sigilosamente con la anuencia de sectores interesados. Cuando oímos a muchos dirigentes de esas organizaciones y a muchos comentaristas de la capital hablar de estos temas, nosotros los dajaboneros nos reímos de sus opiniones y a la vez nos da pena porque el problema se nos está convirtiendo en un problema de seguridad del Estado. Pero bien, ese es un tema para otro artículo. Lo que si creemos es en la importancia que tienen estas organizaciones de la sociedad civil en la democracia moderna. Los dominicanos podemos elegir ser súbditos o ser ciudadano; atrevernos a evaluar críticamente los proyectos y puntos de vistas de los políticos y el Estado, o someternos a los designios de nuestros gobernantes o representantes. Nos parece interesante hacer funcionar una red de este tipo de organizaciones y hacer foros para educar y unificar criterios para el accionar de las organizaciones de la sociedad civil.
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